Maite Schmitz

Maite Schmitz es la subdirectora de la División de las Naciones Unidas en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. Ella participó en el Seminario Global Lemkin del 2009 en Polonia.

¿Por qué está tan dedicada al campo de la prevención de genocidio y atrocidades masivas?
No es fácil explicar lo que impulsa a alguien a un campo específico de investigación o trabajo. Creo que mi pasión por el derecho internacional y los derechos humanos inició durante la Facultad de Derecho, y sólo se hizo más fuerte a medida que empecé a aplicar lo que había estudiado. Ahí es cuando hacemos una conexión con la vida de las personas, y también cuando nos damos cuenta de que nuestro trabajo realmente puede hacer una diferencia.
A veces, cuando leemos acerca de genocidio y otros crímenes internacionales graves, nos encontramos con los números: cuántas personas murieron y cuántas resultaron heridas o desplazadas. Sin embargo, la gente apenas se relaciona a los números. En este sentido, el Seminario Raphael Lemkin jugó un papel muy importante, ya que tuvimos la oportunidad de ir a Auschwitz y aprender acerca de los seres humanos individuales, sus vidas, sus miedos y sus destinos. Luego, se convierte en más que sólo números; nos solidarizamos, y pensamos en maneras de hacer nuestra contribución para que no vuelva a suceder.

¿Cómo es un día o una semana en su posición actual?
Actualmente estoy trabajando en la División de las Naciones Unidas del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. En mi trabajo, cada día es diferente. Una gran parte de mi trabajo es en el tema del fortalecimiento y la reforma de la ONU, en particular del Consejo de Seguridad. Después de setenta años, la institución mundial responsable de mantener la paz y la seguridad internacional casi no ha cambiado, a pesar de que el mundo es completamente diferente ahora. Las negociaciones aún están en curso, y espero que el 2015 sea un año decisivo en este proceso, con progreso real y resultados concretos.

¿Qué acciones y políticas cree que son más eficaces en cuanto a la prevención a largo plazo de las atrocidades masivas?
En primer lugar, me alegro de ver esta pregunta ya que se centra en la prevención, y en particular en la prevención a largo plazo, que es el mejor enfoque para hacer frente a los crímenes internacionales. Para mi, la promoción del desarrollo sostenible es clave para prevenir atrocidades ya que aborda sus causas profundas. A veces hay una tendencia de pasar por alto las políticas estructurales que contribuyen a un mundo libre de atrocidades masivas, y en su lugar nos encontramos con respuestas a corto plazo y operativas, que pueden solucionar temporalmente una crisis pero no va a poner fin a la misma. Es sorprendente ver que el gasto militar mundial hoy supera 1,7 billones de dólares en un año, mientras que la asistencia oficial para el desarrollo se ha mantenido en alrededor de 126 mil millones de dólares. Cultura, educación, erradicación de la pobreza y la seguridad alimentaria son aspectos esenciales en cualquier política eficaz encaminada a lograr una paz sostenible, y las prioridades presupuestarias deben reflejar eso también.

En este sentido, algunas de las acciones que vienen a mi mente son: educación en derechos humanos, la divulgación de actividades que promuevan una cultura de paz, las medidas contra la xenofobia y la discriminación racial, los programas de reparación a las víctimas de graves violaciones de los derechos humanos y la promoción y protección de los derechos de los grupos más vulnerables de la sociedad.

¿Quién o qué la inspira o motiva?
La Humanidad. Cada vez que escucho o leo una historia sobre alguien que decidió no ser un espectador, sino que tomó acción y cambió la vida de otra persona creo un poco más en la humanidad, y esto es algo que me inspira.

¿Qué consejo le daría a un nuevo oficial del gobierno que viene entrando al campo de la prevención del genocidio?
Mi primer consejo es siempre tratar de ponerse en los zapatos de la otra persona. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero es un ejercicio valioso y fundamental. El genocidio comienza con el odio y con la negación de la condición humana a aquellos que son percibidos como diferentes. Así, con el fin de entender este proceso de deshumanización uno tiene que ver a través de los ojos de las personas involucradas en el conflicto, de lo contrario cualquier intento de mediar y promover un diálogo significativo estará condenado al fracaso.